viernes, 26 de septiembre de 2014

La llegada






Llegó desde Barcelona, en el primer y ultimo vuelo que cogió hacia ese destino tras catorce años ininterrumpidos sin haberlo pisado. Llegó para quedarse, para despojarse del bullicio que había formado parte de su vida durante más de una década, para recuperar algo de la vieja apacibilidad que allí conoció, la que nunca llegó a olvidar. Había acabado una etapa en su vida, y ahora se retiraba de regreso, volvía a sus orígenes.

Pasó mucho tiempo de espectadora de sueños ajenos como agente literario. Ahora, su propia naturaleza le exigía abordar el suyo, más humilde que los que había visto, pero igual de intenso. Tan solo volver a sus orígenes de una forma permanente, regresar a la tierra en donde nació. Su pequeño pueblo, un extraordinario paraje en miniatura con la playa al lado de casa.

Elena tardó en poder coger el autobús, pasaba sólo cada tres horas. Sentada en el banco de madera de la parada, sacó instintivamente su móvil del bolsillo sin saber para que, quedándose con el en la mano, contemplándolo hasta que el móvil se bloqueó automáticamente, quedando en estado de reposo y devolviendo a Elena su propio reflejo, al que miró directamente un rato, sin pensar en nada. La pantalla le ofreció la imagen reflejada de una treintañera de pelo castaño muy corto y unos verdes ojos que se distinguías en el cristal del dispositivo. El sonido del motor del autobús acercándose la sacó de su abstracción. Se levantó haciendo visera para intentar distinguir el vehículo que se acercaba, se aseguró de que el autobús al que se subía fuera el correcto.

Se introdujo en el rápidamente. Al ser la única pasajera podía permitirse el escoger sitio. Se sentó en la parte de atrás para quedarse a solas con sus pensamientos y con unas salpicaduras de incertidumbre. Después de tantos años no sabía que era lo que se iba a encontrar. Había pasado por tantos cambios... No le gustaba el no saber, y no sabía como iba a encontrar las cosas allí, apenas le quedaban parientes vivos en el pueblo.

Cuatro kilómetros después, el autobús efectuaba una parada con final de trayecto. El conductor tuvo que acercarse a Elena para indicarle que ya habían llegado. Al principio no reconoció donde se encontraba. Miró a su alrededor, desorientada, no le eran familiares los edificios ni la gente que circulaba por las calles, una cantidad de gente mucho mayor de lo que recordaba. Pensaba que no era el sitio en el que se había criado tantos años atrás. Miró en su agenda de bolsillo la dirección del piso que había alquilado desde Barcelona, había anotado cómo llegar hasta allí. No le llevó mucho conseguirlo, las distancias eran cortas y se llegaba enseguida a cualquier punto en ese pueblo.

En cuanto llegó a su nueva residencia soltó la maleta y se sentó a bucear en sus recuerdos, comparándolos con lo que había observado hasta el momento. Salió a dar una vuelta por el pueblo, a recorrerlo, persiguiendo un nexo con su pasado , una puerta hacia el lugar que aún tras tantos años de ausencia, formaba parte de si misma.

Hizo un rápido recorrido y descubrió que el alegre y singular pueblo del que procedía había dado paso a una población fantasma plagada de chalets clónicos, propiedades de señoritos que sólo aparecían en verano. Elena comenzó a plantearse si había sido una decisión sensata dejarlo todo para volver corriendo a ese lugar. La casa de sus abuelos, y de sus padresposteriormente, era ahora una construcción con su arquitectura original horriblemente retocada y a medio rehacer, abandonada a su suerte, camuflada por los matorrales que crecían sin control. Una casa víctima de la especulación de la gentuza que sólo veía el beneficio, los que no eran capaces de ver la historia que componía a la casa, ni la esencia de los que allí vivieron.

Al ver ese horrible espectáculo, volvió a pensar que se había precipitado al volver. Ver aquello le hirió el alma. Ese viaje le estaba derribando el ánimo y asesinando la ilusión de los recuerdos que siempre había guardado. Para ver ese tipo de cosas prefería haberse quedado en Barcelona, allí, al menos no le afectaría directamente al no estar ligada a ningún lugar. Se dio la vuelta por donde había venido. Las personas con las que se cruzaba le eran desconocidas. Seguramente ninguna de ellas habría nacido ni vivido allí regularmente.


Caminaba sin rumbo, preguntándose si sus cariñosos recuerdos serían fantasmas de un pueblo que parecía que ya no existía. Había sido un lugar en donde vivir, trabajar e incluso ser feliz de la forma mas directa y sencilla. Ahora, todo apuntaba a que sólo era un cortijo para turistas con dinero y propiedades allí.

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