miércoles, 19 de febrero de 2014

Reto ¡Yo escribo! 7-¿Creéis en la ética de las editoriales para con los autores?










Ya se acerca el final del reto, estamos el séptimo escalón del reto de escritura de Eleazar, y nos lo estamos pasando bomba con ello. En esta ocasión, nos toca un tema un poco peliagudo, pero lo abordaremos como mejor pueden tratarse estas cosas, sin aprensión, e intentando ser lo más apegado posible a la realidad.


Las editoriales, fascinantes y tenebrosas, como una criatura feroz, bella de contemplar, pero capaz de arrancarte una mano de un mordisco si te acercas demasiado.

No poseo experiencias directas respecto a ese tema, pero he oído cosas, apenas murmullos, que me han erizado los pelos. Cosas como los hechos que Eleazar nos refiere, que retrotraen la imaginación a tiempos oscuros. Tiempo no excesivamente remotos, en los que somos testigos de como las editoriales no se detienen demasiado en cuidar de sus autores.

Recordemos, en los años 30, en plena depresión americana, lo que sucedió con algunos. Jerry Siegel, cocreador de Superman, acabó dando con sus huesos en la calle tras haber hecho grande a la editorial para la que trabajó. Editorial que se quedó con su personaje y no dejó de rentabilizarlo, mientras que Siegel, tras haber sido maltratado, tuvo que abandonar la empresa, buscándose la vida como podía, y casi mendigando un puesto en la industria.

Bill Finger, en la misma empresa y época, acabó aún peor, siendo casi borrado de la participación en la creación y desarrrollo de Batman, otro superventas. Bill Finger fue casi hasta borrado de la existencia respecto a la industria que era su medio de vida.

Unos años después, en los 60, ya pasada la época de crisis, las cosas no habían cambiado nada. Jack Kirby, fue maltratado, y mal pagado por la casa  a la que tanto contribuyó a hacer despegar. Burlas, desprecios, apropiación de material producido, falta de acreditación, la lista es muy larga, y eso que era ya un autor consagrado desde hacía muchos años.

En el ámbito puramente literario, la cosa puede ser incluso peor. No he tenido muchas referencia concretas, y no he vivido nada en primera persona, pero todo apunta a esa dirección, lo cual resulta espeluznante. Si un día, por la razón que sea, desease ser publicado, tendría miedo de acabar descalabrado, y no sabría por donde tirar. Quizá en una pequeña editorial, con una tirada menos gargantuesca que la utilizada por las grandes casas, pero con una relación más directa, de más confianza, si es que eso es posible, que no lo se, aunque ahora recuerdo que hace años, me contaron acerca de un  amigo que trató de vivir de esto, tras encontrar una editorial que publicase su obra, para huir del desempleo, no consiguió mejorar. Vivía en un micro piso, y se alimentaba de galletas María y agua casi exclusivamente. No le reportaba apenas ningún beneficio, y tuvo que refugiarse laboralmente en el sector de la construcción, porque de otro modo no sobreviviría. Suena muy exagerado, si, y quizá se haya amplificado un poco la historia para cuando me la contaron a mi, pero después de los casos que se ven frecuentemente en el mundo editorial, quien sabe si en lugar de exagerar, me edulcoraron la historia?

También se me ocurre que en lugar de colocarnos individualmente en la linea de fuego, donde un sólo blanco tiene todas las papeletas para ser cruelmente acribillado, podría ser buena idea la producción de una obra conjunta, como presentación de nuevos autores, que sirva como bautismo de fuego, más fácil de sobrellevar en grupo. Una buena presentación colectiva para unos cuantos viciosos de la escritura, para que la primera incursión editorial no abra demasiadas heridas, y aunque los beneficios potenciales sean menores, creo que de ese modo los riesgos no serían tan grandes. Pero cualquiera sabe, a juzgar por el gigantesco reguero de autores escaldados que tenemos sobre la mesa.

Las editoriales tienen un cierto halo de fiereza, con el poder de elevarte a los cielos para que trisques entre las nubes, o arrojarte a los infiernos, donde tostarse dolorosamente, sin piedad para el autor, que es quien finalmente imprime su corazón sobre el papel, corazón escrito, que es lo que realmente atrae al lector

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