martes, 11 de agosto de 2015

Guardian de mi galaxia de letras




Siempre he leído. Mucho, y con agilidad según me dicen por ahí. Y en los últimos años escribo, las ideas me toman por asalto con asiduidad. Si hago eso ya de forma instintiva, el leer y escribir, es por el, por mi padre, un hombre casi siempre con algo escrito o impreso en la mano.

Alrededor de el tenía abierto un universo de letras al que me lancé en mi más tierna infancia y del que ya no salí jamás. Hoy, de adulto, sigo explorando esa galaxia compartida. como un astronauta instalado en otros planetas de galaxias desconocidas.

Ahora, ese hombre que me descubrió otros mundos ya no está. Le perdí, le perdimos, toda su familia, así como todos aquellos que le conocieron y también el mundo editorial del que fue parte activa durante casi toda la segunda mitad del siglo XX en esta ciudad. Desde su paso por Gráficas Careaga, hasta su larga trayectoria en el periódico "La Voz de Avilés" donde desde su oficio de tipógrafo, ejercía en las noches de corrector y de mucho más.No se limitaba a arreglar los fallos ortotipográficos, revisaba y editaba los textos para darles mayor sentido y fluidez donde los periodistas fallaban, el les daba solución proporcionando agilidad para la lectura de los usuarios del periódico durante más de 40 años.

También desde "Suygar", su propia imprenta, ejerció como editor y tipógrafo, además de redactar textos para anuncios, convirtiendo en realidad las ideas, suyas y de otras personas.

Isidro, mi padre, fue un hombre que siempre profesó amor por las letras, tanto, que siempre vivió rodeado de ellas en lo profesional, y también en lo personal. No era en absoluto extraño el verle empuñando un libro. Gustaba de la novela histórica, y también de obras que desafiasen la estructura tradicional de la novela de ficción, como Rayuela de Cortázar, que yo le regalé y lo disfrutó intensamente.

Así era Isidro, así era mi padre, la persona que me inició en las letras tan sólo mostrándome su valor y su aprecio por ellas, aprecio que comparto. Si un día en Avilés se fundase un museo de la imprenta, el debería figurar en un lugar de todo ello, en un rincón propio. Desde aquí quiero recordarlo, quiero que se le recuerde.

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