martes, 20 de enero de 2015

Desternillantes delirios



Dedicado a Charlie Hebdo y todas las personas y publicaciones que sufren persecución y censura



Os imaginais que vayamos afirmando por ahí que el Capitán América, Hulk, Sam Spade, Pepe Carvalho o cualquier personaje de comic o literario que nos de la gana existe, vive eternamente, y que los demás tenéis que creer en el por cojones y aceptar las condiciones que nosotros pongamos por cojones también? Pues eso existe, se llama religión.

Dice el papa, ese que es el jefe de los católicos y va por ahí con túnica, que no seamos malvados y no ejerzamos la libertad de expresión. Exigiendo, como siempre, no simplemente pidiendo, un estricto respeto que ellos no tienen intención de brindar a nadie que no sea de su propia cuerda. El respeto que exigen no es otra cosa que callar, agachar la cabeza, y ocasionalmente aplaudir ante ellos y sus simbolitos.

Es bien sabido que dibujar, escribir, y entre otras cosas, hacer humor es un crimen monstruoso. Mucho más cuando se tocan los símbolos de esos conjuntos de supersticiones hiperfantasiosas a los que llamamos religiones, como antes lo fueron las mitologías romana, griega, y nórdica, por ejemplo.

Mira que lo intentan los pobrecillos con todas sus ganas, que nos traguemos sin rechistar toda esa sarta de delirios sobre personajes ficticios, pero seguimos con la malévola costumbre de no tragar cuentos infantiles mal escritos como verdades absolutas, y no contentos con ello, incurrimos en la monstruosidad de burlarnos de ello acogiéndonos en la libertad de expresión. Quizá no nos riéramos tanto si no se hiciese tan demente ostentación de las religiones, siempre intentando evangelizar a todo bicho viviente, (Llegando a acosar a la gente en sus casas o intentando tomarlos por asalto en plena calle como muchos grupos religiosos hacen), así como de su peculiar rasgarse las vestiduras por cualquier nimiedad. (Un gato orinando es capaz de herir susceptibilidades de credo)

Somos tan abyectos que para nosotros la religión es algo que sólo sirve para descojonarse de ella como un absurdo más de los que pueblan el mundo, en lugar de vivir encorsetados en ella, de imponerla por la fuerza y pasar por encima de los demás, como buenos creyentes. Pero no somos creyentes, ni crédulos, así que el papa puede decir misa, que la dirá, lo que a algunos nos es indiferente, y no vamos a acatar ningún conato de teocracia que desean introducirnos unos y otros voceros de la inexistencia. Como no tenemos remedio, seguiremos echando unas risas con lo que consideramos fruto del efecto de un gigantesco colocón de  estupefacientes de gran potencia.






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