viernes, 19 de diciembre de 2014

El asesino del wc




Paula se despertó de un sueño revuelto e incómodo que no recordaba. Se levantó antes de su hora acostumbrada, sin que sonara el despertador, presa de un imperativo biológico. Casi corrió hacia el baño. Puso cara de placer cuando al fin pudo sentarse para deshacerse del lastre que llevaba dentro.

Juan llevaba bajo la cama de Paula la mayor parte de la noche. Había entrado a su casa colándose por la ventana de la cocina, que casi siempre dejaba entreabierta. No le había atacado el sueño en ningún momento, es más, estaba incluso excitado. Tenía lo que el llamaba el mal del cazador. Sólo le importaba cobrarse una nueva presa y nada más, lo demás era para el algo de escasa importancia. Esta sería su cuarta pieza, y la haría caer como a las otras. Se deslizó sigilosamente hasta quedar fuera de su escondrijo, empuñando un cuchillo. Era casi el momento perfecto.

Paula, abstraída en su actividad, casi no tuvo tiempo de percibir que algo a su lado removía el aire. Vio una sombra que le aterrorizó. Intentó gritar, pero lo único que logró fue toser, atragantándose con el piercing de su lengua, que sin darse cuenta se le había aflojado y corría suelto por su boca. Una certera puñalada en el corazón y ya no tuvo que esforzarse en volver a coger aire. Todo terminó antes de empezar. Juan se aseguró de no haber dejado rastros visibles, y se deslizó por la oscuridad, a través de la ventana por la que había invadido la intimidad de su víctima.

A la mesa del agente Márquez, llegaron ese lunes, las fotos de un nuevo cadaver. El cuarto, o más bien la cuarta. Todas esas chicas habían sido asesinadas en uno de los momentos más vulnerables en los que podía alguien ser atacado, sentadas en la taza de su baño. Todas tenían en común ser mujeres independientes de entre 30 y 40 años. Otra vez aquel hijo de puta que no dejaba pistas, un posible coprofílico que dejaba  a su paso el sufrimiento y la muerte, en sus horrorosos actos. La prensa volvería a dar buena cuenta de ello si es que no lo había hecho ya. Llevaba un mes espantoso tras aquel horrible cabrón, y esta vez volvería a pasar por todo ello. Una investigación frenética que le conduciría a ninguna parte pero que le pasaría factura a sus ánimos. Otra vez el pánico generalizado, otra vez el temor de la intimidad de su propio baño por parte de las mujeres de perfil similar al de las víctimas. Más peleas por un espacio en los baños públicos y de los bares, donde se sentían más seguras. Más linchamientos a pobres desgraciados que se acercan demasiado al baño cuando su compañera de piso está dentro. Un jodido dolor, eso es lo que era todo aquel batiburrillo de cosas para Márquez. Cuatro años en el cuerpo y aún no se había habituado a la sordidez con la que en su oficio debiera familiarizarse e incluso insensibilizarse. Cogió el informe, sabiendo que sus esfuerzos  posiblemente no dieran fruto, pero era lo mínimo que pensaba que debía hacer para mitigar en lo que fuera posible lo sucio, y lo monstruoso que había en el mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario