jueves, 28 de agosto de 2014

Negocios-Inicios






Mucha gente, desde otros lugares de España, venían a Asturias a empezar desde cero, a construirse una nueva vida. Fred Blackwell también, pero en su caso,el viaje fue más largo, desde su New York natal. Primero había recalado en Barcelona, pero no había resultado. Allí había demasiado bullicio, casi tanto como en su lugar de origen, justo lo que no quería. Por eso eligió una pequeña ciudad de Asturias, Avilés, en donde todo era de un tamaño manejable, y en donde el ritmo vital era más relajado. Su aspecto físico favorecía si no su integración total, si el que se tomara por natural de aquellas tierras, puesto que físicamente era igual a ellos, ojos marrones, pelo negro, y no demasiado alto, un aspecto heredado genéticamente de su madre, que había nacido en Zaragoza, donde permaneció los primeros veinte años de su vida.

El idioma no era un problema para el, lo manejaba al mismo nivel que los nativos, sin asomo de acento. Eso también era cosa de su madre, una inmersión lingüística que siempre había aplicado con él, y que ahora le era tremendamente práctica.

Algo diferente era su socia Naomi Wolf, con la que compartía nacionalidad y año de nacimiento, pero que a diferencia de él era más americana en su carácter. Afroamericana, casi tan alta como el, pero que no compartía su fluidez en la lengua castellana.

La conoció un año atrás, cuando el ya había dejado el US Army, cuando ella aún patrullaba las calles de New York como policía. Le exigió identificarse y le tomó los datos, para poco después dejarlo ir. Estaban buscando a un sospechoso de complexión parecida. Antes de seguir su camino, Fred le preguntó en broma si podría salir de la ciudad o estaba bajo sospecha. A ella le cayó bien, y estuvieron unos minutos hablando, hasta que recibió un aviso de tiroteo o algo así. El le pidió que lo llamara en alguna ocasión, que tenía algo que proponerle.

No lo llamó hasta pasados cuatro meses, cuando ya la habían cesado del departamento de policía por un motivo que ni ella le dijo ni el preguntó. El le contó su plan de instalarse en Barcelona y le instó a que le acompañara en su periplo, ahora que no tenía ningún compromiso profesional. Acordaron encontrarse en un punto de Barcelona, al que ella, por diversos trámites, no pudo llegar hasta un mes después que Fred, justo para partir los dos desde allí hasta Asturias. Así comenzó su particular sociedad, y tras algún que otro traspiés laboral, hacía apenas dos meses que habían abierto una pequeña oficina de comunicación y consultoría, Wolf & Blackwell, ella primero, puesto que era la que disponía de más recursos monetarios, al parecer su familia no vivía entre privaciones precisamente. Otra cosa sobre la que Naomi no daba detalles, y Fred no iba a preguntar.

Ahora estaba el solo al mando del negocio, ella estaba pasando unos días en New York, a diferencia de Fred para el que los Estados Unidos de América estaban lejos, y lejos iban a seguir estando. Naomi viajaba como una vez al mes, seguramente para ver a su familia y sacarles más pasta para su negocio, pensaba Fred.

El negocio llevaba demasiado poco tiempo en marcha, pero notaba que iba a ir mejorando muy pronto. De momento sacaban para cubrir gastos, dentro de poco podrían olfatear algunos euros de beneficio, la cosa era aguantar y darse a conocer. Mientras ella no estaba, Fred hacía horario de oficina, acudiendo a diario al pequeño local en el que se habían instalado y se ganaba el sustento despachando varios asuntos, entre ellos el de captar clientela e ir sumando, ya había logrado ganarse a unas pocas empresas para cuando Naomi volviera, así vería que el había hecho los deberes en su ausencia, y quizá sonriera con más frecuencia, no sólo los jueves a las siete, dejando de lado tanta seriedad. Con este pensamiento, Fred cerró la puerta de la oficina, y se dispuso a irse a casa, riéndose interiormente de su propio chiste.

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