viernes, 4 de julio de 2014

Calentando la guerra más fría-7. Hallazgos y sorpresas







A Nuria, aunque no lo dijera, se le notaba demasiado que era lo que quería hacer a continuación. Lo llevaba escrito en la cara, y por muchas ruidosas discusiones que tuviese con Asier, no se lo quitaba de la cabeza. Hasta que lo hizo.

Aquello no era otra cosa que incautar, como ella decía, mercancía que los directivos de DonMarket acumulaban en sus almacenes. Al principio, pensó en hacerlo con las furgonetas de la asociación, aunque no le convencía por el espacio tan limitado, tenía que ser algo más grande. Finalmente se las arregló para llenar uno de los camiones de la misma empresa a la que aligerar de peso. Fue gracias a sus contactos de el sindicato, que desde hacía mucho deseaban que ocurriera algo, algo como aquello, y mucho más. Todo el personal del turno de noche, y la mayor parte de los diurnos, le prestaron todo tipo de ayuda para que pudiera llevarse a cabo, incluso acordando entre todos una coartada con la que no pillarse los dedos en todo aquel asunto.

Nuria y su gente consiguieron llevarse el camión, descargarlo y llevarlo de vuelta en sólo unas pocas horas con la ayuda de todos los residentes de la asociación de Asier, que que era la capa exterior del ejército privado de Nuria, como decía él mismo medio en broma.

Cuando devolvió el camión vacío aún eran las tres y media de la mañana. A Nuria le pareció que aún quedaba tiempo de hacer algo más en aquella noche que incitaba a hacerlo. Desde la puerta del almacén, mirando al exterior, se le ocurrió que hacer. Iba a darle un toque de atención a un grupo de gente que creía ser intocable. En su opinión, había personas a las que había que poner en su sitio cada poco tiempo, y aquella noche era la mejor ocasión para hacerlo.

Iba a dejar un regalo a una entidad a menudo recordada por ella, en sus más soeces maldiciones. Un regalo que haría que pensaran en ella, aún sin conocerla ni saber quien era. Para ello volvería a utilizar el camión. La tentación de hacerlo era demasiado grande como para querer resistirla.

Forzaron los candados de los contenedores de basura que le habían inspirado, observando que la basura se encontraba en unos sacos, que fueron cargando en el camión a instancias suyas. Cuando estuvo satisfecha de la cantidad de sacos, se fueron directamente a dejar su carga al local de la FRE ( Federación Regional de Empresarios). No tardaron ni diez minutos en llegar, ansiosos como estaban de llevar a cabo la idea de Nuria, que a todos les había parecido bien.

Era una noche apacible, de esas que te cubren la espalda cuando estás haciendo algo clandestino, aunque había algo poco habitual . Una oposición pasivo no prevista, lo que encendió las alarmas en la mente de Nuria. En lugar de un sólo vigilante de seguridad, había dos en aquella ocasión. Un problema menor, pues aquellos pistoleros fueron rápidamente reducidos sin hacer un sólo ruido, siendo inmovilizados con sus propias esposas, y amordazados con sus propias cartucheras. Una vez mas, sus rostros no habían sido vistos, la capucha era la aliada de Nuria y de los suyos.

El objetivo ahora, tan sólo era de llenar el lugar de la mayor cantidad de basura en el mínimo periodo de tiempo posible, cosa que hicieron con entusiasmo, vaciando los sacos por todas partes. También, para que ni hubiera duda alguna acerca de la autoría de aquello, dejaron su marca bien visible con varias pintadas en las paredes. Una organización invisible a la que la prensa, haciéndose eco de alguno de sus actos, había denominado como Movimiento Sol Rojo, calificándolos como una célula prototerrorista de corte marxista. un puñado de noticias que pretendían insuflar miedo en la ciudadanía, pero que cada vez despertaba más simpatía entre los crecientes sectores de estudiantes, jubilados, desempleados, trabajadores precarios, y excluidos sociales, todos los que sentían el látigo en sus carnes, el látigo de las políticas para ricos, las políticas de exterminio social. La gente de la calle disfrutaba con la idea de que aquellos cabrones de guante blanco sudaran un poco y se llevaran lo suyo, aunque fuera de cuando en cuando.

Nuria sonreía mientras acababa de regar de basura aquellas oficinas. Le satisfacía enormemente, y recordó cuando la prensa los menciono por vez primera. Un misterioso suceso con camiones de coca cola volcados y cientos de litros de aquella mierda azucarada desparramados por el suelo, junto a montones de vidrios rotos. Un suceso que hubiera sido un misterio  de no ser por haber dejado varios mensajes manifestando que si la empresa despide a trabajadores mientras obtiene beneficios, perderá dinero por otras vías, Nuria había dejado también su impronta particular, la misma que dejó en todas partes desde aquel suceso en una casa de citas. Era una marca sin nombre, hasta que la prensa le dio uno: Sol Rojo, le gustaba, evocaba muchas cosas, algo tangible, no sólo rumores. Ahora ese nombre tenía entidad propia y definida, como ella, como la gente que le acompañaba en sus batallas particulares. Eso era lo que la gente anhelaba, alguien que se dejara de subterfugios y tomara partido activamente en aquella guerra social silenciosa.

Cuando Nuria volvió al aquí y ahora, ya tenía el saco vacío, y su contenido esparcido por el suelo, sobre las mesas, y encima de las sillas, todo lo que había a su paso había sido pulverizado con basura. Era la última en acabar, se había recreado con el último saco, pero aún así habían sido rápidos. Eran las cinco menos veinte.

En ese momento le vino la segunda sorpresa de la noche. En una de los despachos se veía titilar como una luz. Algo poco corriente en aquellas horas, que junto al número creciente de vigilantes de seguridad, le produjo curiosidad. Le pareió que allí se cocía algo, y quería saberlo.

Se aseguró de que llevaba cosnigo la porra extensible, y trató de ver desde fuera lo que ocurría en aquel despacho en el que había visto luz. Ante el ordenador, vio a un cincuentón con la corbata aflojada, un cincuentón gordo y blando, con un pelo que se notaba a kilómetros que era teñido de moreno, y con unas gafas de diseño, en un intento fallido de dar a su rostro un toque de distinción y elegancia. Aquel rostro vulgarizaría cualquier tipo de gafas, no había diseñador que pudiera evitarlo. Nuria se cansó de ser espectadora, e irrumpió con el pasamontañas puesto en el pequeño despacho.

- Te pillé, pedazo de cabrón!

-Ahh...Quien eres?... Aquí no puedes estar... como te has colado aquí?

-Lo mismo que tu, gordo, algo fuera de la legalidad, y cállate hasta que te diga lo contrario si no quieres sangrar- Le respondió desplegando la porra.

Nuria disfrutó olfateando el miedo de aquel hombre, que era evidente en su rostro incluso con aquella escasa luz que desprendía la pantalla del ordenador.

-Oye... estoy trabajando... puedo darte dinero si quieres, pero... tienes que irte de aquí...- Balbuceaba el hombre.

-No estás en posición de dar órdenes en este momento, quien cojones te crees que eres?

-Soy... el secretario de la federación de empresarios, y voy a llamar a la policía si no te vas ahora mismo...

-Ah si?- Nuria se le acercó más, y con un rápido movimiento le acerco la porra, y  le dio un golpe en la cara con la otra mano, lo que le hizo derribarse de su asiento.

-EH, TENEMOS UN INVITADO SORPRESA, QUE NO SE SIENTA SOLO!- Gritó alertando a los demás.

En cuanto entraron y vieron la escena, levantaron al hombre del suelo, que gemía lastimosamente, y lo arrastraron fuera de aquel despacho, para ver como estaba. Una vez sola en el despacho, Nuria se sentó frente al ordenador, a ver en que asuntos andaba aquel cabrón. Le había amenazado con la policía, pero apostaba a que no iba a llamarla en ningún momento. ya que no lo había hecho mientras los había oído, y visto, seguramente, a ella y a los suyos maniobrar un buen rato con la basura. Se dio cuenta de que había un Usb metido en el ordenador, era un usb metálico, de 1 terabyte y de buen tamaño, con pinta de no ser nada barato. Curioseó  por las carpetas en las que se encontraban los contenidos de aquel Usb. Echó un vistazo superficial, pero aquellos contenidos prometían. Era la tercera sorpresa de la noche, y con premio. Un premio gordo.

-Eh, chicos, me parece que nos ha tocado la lotería, y eso que ni jugábamos- Les dijo, mientras extraía el usb del ordenador de forma segura. Ese pequeño objeto iba a reportarle muy buenos ratos a ella y a los suyos, y más de un disgusto a sus anteriores propietarios.

En diez minutos ya se habían largado de allí, dejando la basura y las pintadas por todas partes, y llevándose a cambio el Usb y al secretario de la federación de empresarios.

Al día siguiente, en supermercados DonMarket, no notarían el uso de uno de sus camiones, ni la incursión nocturna, ni que faltaban varios palés de mercancía. Quizá se dieran cuenta en el próximo balance, o quizá nunca. Lo que si quedaría patente, y de eso daría buena cuenta la prensa, es el estado en el que había quedado la sede de la FRE, y de la inexplicable presencia de su secretario, encontrado dormido y desnudo en un céntrico parque, con los labios pintados y un sol rojo dibujado en su prominente barriga.
A Nuria, aunque no lo dijera, se le notaba demasiado que era lo que quería hacer a continuación. Lo llevaba escrito en la cara, y por muchas ruidosas discusiones que tuviese con Asier, no se lo quitaba de la cabeza. Hasta que lo hizo.

Aquello no era otra cosa que incautar, como ella decía, mercancía que los directivos de DonMarket acumulaban en sus almacenes. Al principio, pensó en hacerlo con las furgonetas de la asociación, aunque no le convencía por el espacio tan limitado, tenía que ser algo más grande. Finalmente se las arregló para llenar uno de los camiones de la misma empresa a la que aligerar de peso. Fue gracias a sus contactos de el sindicato, que desde hacía mucho deseaban que ocurriera algo, algo como aquello, y mucho más. Todo el personal del turno de noche, y la mayor parte de los diurnos, le prestaron todo tipo de ayuda para que pudiera llevarse a cabo, incluso acordando entre todos una coartada con la que no pillarse los dedos en todo aquel asunto.

Nuria y su gente consiguieron llevarse el camión, descargarlo y llevarlo de vuelta en sólo unas pocas horas con la ayuda de todos los residentes de la asociación de Asier, que que era la capa exterior del ejército privado de Nuria, como decía él mismo medio en broma.

Cuando devolvió el camión vacío aún eran las tres y media de la mañana. A Nuria le pareció que aún quedaba tiempo de hacer algo más en aquella noche que incitaba a hacerlo. Desde la puerta del almacén, mirando al exterior, se le ocurrió que hacer. Iba a darle un toque de atención a un grupo de gente que creía ser intocable. En su opinión, había personas a las que había que poner en su sitio cada poco tiempo, y aquella noche era la mejor ocasión para hacerlo.

Iba a dejar un regalo a una entidad a menudo recordada por ella, en sus más soeces maldiciones. Un regalo que haría que pensaran en ella, aún sin conocerla ni saber quien era. Para ello volvería a utilizar el camión. La tentación de hacerlo era demasiado grande como para querer resistirla.

Forzaron los candados de los contenedores de basura que le habían inspirado, observando que la basura se encontraba en unos sacos, que fueron cargando en el camión a instancias suyas. Cuando estuvo satisfecha de la cantidad de sacos, se fueron directamente a dejar su carga al local de la FRE ( Federación Regional de Empresarios). No tardaron ni diez minutos en llegar, ansiosos como estaban de llevar a cabo la idea de Nuria, que a todos les había parecido bien.

Era una noche apacible, de esas que te cubren la espalda cuando estás haciendo algo clandestino, aunque había algo poco habitual . Una oposición pasivo no prevista, lo que encendió las alarmas en la mente de Nuria. En lugar de un sólo vigilante de seguridad, había dos en aquella ocasión. Un problema menor, pues aquellos pistoleros fueron rápidamente reducidos sin hacer un sólo ruido, siendo inmovilizados con sus propias esposas, y amordazados con sus propias cartucheras. Una vez mas, sus rostros no habían sido vistos, la capucha era la aliada de Nuria y de los suyos.

El objetivo ahora, tan sólo era de llenar el lugar de la mayor cantidad de basura en el mínimo periodo de tiempo posible, cosa que hicieron con entusiasmo, vaciando los sacos por todas partes. También, para que ni hubiera duda alguna acerca de la autoría de aquello, dejaron su marca bien visible con varias pintadas en las paredes. Una organización invisible a la que la prensa, haciéndose eco de alguno de sus actos, había denominado como Movimiento Sol Rojo, calificándolos como una célula prototerrorista de corte marxista. un puñado de noticias que pretendían insuflar miedo en la ciudadanía, pero que cada vez despertaba más simpatía entre los crecientes sectores de estudiantes, jubilados, desempleados, trabajadores precarios, y excluidos sociales, todos los que sentían el látigo en sus carnes, el látigo de las políticas para ricos, las políticas de exterminio social. La gente de la calle disfrutaba con la idea de que aquellos cabrones de guante blanco sudaran un poco y se llevaran lo suyo, aunque fuera de cuando en cuando.

Nuria sonreía mientras acababa de regar de basura aquellas oficinas. Le satisfacía enormemente, y recordó cuando la prensa los menciono por vez primera. Un misterioso suceso con camiones de coca cola volcados y cientos de litros de aquella mierda azucarada desparramados por el suelo, junto a montones de vidrios rotos. Un suceso que hubiera sido un misterio  de no ser por haber dejado varios mensajes manifestando que si la empresa despide a trabajadores mientras obtiene beneficios, perderá dinero por otras vías, Nuria había dejado también su impronta particular, la misma que dejó en todas partes desde aquel suceso en una casa de citas. Era una marca sin nombre, hasta que la prensa le dio uno: Sol Rojo, le gustaba, evocaba muchas cosas, algo tangible, no sólo rumores. Ahora ese nombre tenía entidad propia y definida, como ella, como la gente que le acompañaba en sus batallas particulares. Eso era lo que la gente anhelaba, alguien que se dejara de subterfugios y tomara partido activamente en aquella guerra social silenciosa.

Cuando Nuria volvió al aquí y ahora, ya tenía el saco vacío, y su contenido esparcido por el suelo, sobre las mesas, y encima de las sillas, todo lo que había a su paso había sido pulverizado con basura. Era la última en acabar, se había recreado con el último saco, pero aún así habían sido rápidos. Eran las cinco menos veinte.

En ese momento le vino la segunda sorpresa de la noche. En una de los despachos se veía titilar como una luz. Algo poco corriente en aquellas horas, que junto al número creciente de vigilantes de seguridad, le produjo curiosidad. Le pareió que allí se cocía algo, y quería saberlo.

Se aseguró de que llevaba cosnigo la porra extensible, y trató de ver desde fuera lo que ocurría en aquel despacho en el que había visto luz. Ante el ordenador, vio a un cincuentón con la corbata aflojada, un cincuentón gordo y blando, con un pelo que se notaba a kilómetros que era teñido de moreno, y con unas gafas de diseño, en un intento fallido de dar a su rostro un toque de distinción y elegancia. Aquel rostro vulgarizaría cualquier tipo de gafas, no había diseñador que pudiera evitarlo. Nuria se cansó de ser espectadora, e irrumpió con el pasamontañas puesto en el pequeño despacho.

- Te pillé, pedazo de cabrón!

-Ahh...Quien eres?... Aquí no puedes estar... como te has colado aquí?

-Lo mismo que tu, gordo, algo fuera de la legalidad, y cállate hasta que te diga lo contrario si no quieres sangrar- Le respondió desplegando la porra.

Nuria disfrutó olfateando el miedo de aquel hombre, que era evidente en su rostro incluso con aquella escasa luz que desprendía la pantalla del ordenador.

-Oye... estoy trabajando... puedo darte dinero si quieres, pero... tienes que irte de aquí...- Balbuceaba el hombre.

-No estás en posición de dar órdenes en este momento, quien cojones te crees que eres?

-Soy... el secretario de la federación de empresarios, y voy a llamar a la policía si no te vas ahora mismo...

-Ah si?- Nuria se le acercó más, y con un rápido movimiento le acerco la porra, y  le dio un golpe en la cara con la otra mano, lo que le hizo derribarse de su asiento.

-EH, TENEMOS UN INVITADO SORPRESA, QUE NO SE SIENTA SOLO!- Gritó alertando a los demás.

En cuanto entraron y vieron la escena, levantaron al hombre del suelo, que gemía lastimosamente, y lo arrastraron fuera de aquel despacho, para ver como estaba. Una vez sola en el despacho, Nuria se sentó frente al ordenador, a ver en que asuntos andaba aquel cabrón. Le había amenazado con la policía, pero apostaba a que no iba a llamarla en ningún momento. ya que no lo había hecho mientras los había oído, y visto, seguramente, a ella y a los suyos maniobrar un buen rato con la basura. Se dio cuenta de que había un Usb metido en el ordenador, era un usb metálico, de 1 terabyte y de buen tamaño, con pinta de no ser nada barato. Curioseó  por las carpetas en las que se encontraban los contenidos de aquel Usb. Echó un vistazo superficial, pero aquellos contenidos prometían. Era la tercera sorpresa de la noche, y con premio. Un premio gordo.

-Eh, chicos, me parece que nos ha tocado la lotería, y eso que ni jugábamos- Les dijo, mientras extraía el usb del ordenador de forma segura. Ese pequeño objeto iba a reportarle muy buenos ratos a ella y a los suyos, y más de un disgusto a sus anteriores propietarios.

En diez minutos ya se habían largado de allí, dejando la basura y las pintadas por todas partes, y llevándose a cambio el Usb y al secretario de la federación de empresarios.

Al día siguiente, en supermercados DonMarket, no notarían el uso de uno de sus camiones, ni la incursión nocturna, ni que faltaban varios palés de mercancía. Quizá se dieran cuenta en el próximo balance, o quizá nunca. Lo que si quedaría patente, y de eso daría buena cuenta la prensa, es el estado en el que había quedado la sede de la FRE, y de la inexplicable presencia de su secretario, encontrado dormido y desnudo en un céntrico parque, con los labios pintados y un sol rojo dibujado en su prominente barriga. La prensa reanudaría sus ataques contra Sol Rojo, tan sólo consiguiendo hacerles una nueva campaña publicitaria.


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