viernes, 6 de septiembre de 2013

Viviendo del aire-4






Benito sabía que no se iba a arrepentir de la decisión de tener con él en casa a Fermín. La única desventaja era que sabía que no iba a colaborar económicamente por las buenas, pero Benito conocía unos cuantos trucos para estrujarlo, y sacárselo. Por lo demás, todo iba como la seda, la convivencia era muy buena, había un ambiente muy relajado y positivo entre los dos. Fermín era un tipo extravagante y divertido que daba color a la casa de Benito, hasta el momento bastante monótona. Al igual que él, no era la persona más ordenada del mundo, y no tenía horarios fijos, lo cual estaba bien, puesto que para rutina, ya tenía la laboral. Además, en Fermín, tenía el compinche perfecto para sus escapadas nocturnas, era un excelente compañero de farra. Entre uno y el otro, en esas noches todo era estimulante, nunca se sabía que era lo que iba a suceder a continuación.

A Fermín, aunque no lo dijera en voz alta, le gustaba la compañía de Benito, un tipo peculiar. Se alegraba de , al menos por una vez y durante un tiempo, haber encontrado un lugar de residencia en el que no tenía que salir corriendo de repente. Se conocían desde hacía años, y congeniaban bien. A cada uno de ellos, les hacía gracia las excentricidades del otro. Un curioso personaje Benito, que sabía más de lo que parecía, incluso conseguía con facilidad que soltara dinero para la casa, lo que le sorprendía un poco. Definitivamente, se encontraba en el lugar correcto.


En ese domingo por la mañana, ya bien entrada, una de esas ocasiones en las que se detenían a tomar algo, y contemplar el mundo, se encontraron con un viejo amigo común, Gerardo Cuétara, apodado el galletero. El apodo le venía en parte por su mismo apellido, Cuétara, aunque no tuviera nada que ver con la popular marca. Aunque También le apodaban así, porque repartiendo galletas no tenía igual. Era un poco bestia, pero una gran persona. Su aspecto, recordaba a Brutus, el antagonista de Popeye, ancho, alto, muy moreno con una poblada barba negra, y una expresión muy tosca. Hacía largo tiempo que no se veían.

Tras los saludos de rigor, se metieron los tres en el primer bar que encontraron, para celebrar el alegre reencuentro, poniéndose al día sobre sus vidas actuales, y recordando viejos tiempos, anécdotas de la mili, lugar en que los tres se conocieron, unos cuantos años atrás. Tras una larga serie de batallitas, regadas con unas cuantas cañas mal echadas, llegó la hora de concluir el encuentro, emplazándose mutuamente a volverse a ver sin dejar pasar tanto tiempo.

Llegó, también la hora de pagar la cuenta. Y fue Fermín quien se ofreció voluntariamente a ello, ante la sorpresa, casi amago de infarto por parte de Benito, ante tan inusual hecho, aunque no dijo una palabra, no fuese que se arrepintiera.

-Camarero, me pasa la cuenta, por favor?

-Voy que vuelo, caballero. Son 11 euros.

Benito sacó, y le entregó al camarero un arrugado billete de 200 euros, ante el que el camarero se quedó mirando, y pensando. Fue a la caja, la abrió, miró, y volvió a Fermín con el mismo billete.

-Señor, discúlpeme, pero... no dispongo de cambio de esa cantidad en caja, lo siento.

-Oh, pues vaya, me parece que no llevo suelto encima, a ver... pues no... llevas tu algo suelto, Benito?

-Pues no... que vergüenza, oye...

-Tranquilos, invito yo!- Intervino Gerardo, sacando la cartera.-Cóbrate aquí, zagal!

Gerardo no sólo pago la cuenta, si no que además, dejó una generosa propina para el camarero.

-Gracias, majo, nos has sacado de un pequeño apuro... Uf, que vergüenza...- Afirmó Fermín.

Tras unos abrazos, unas cuantas rústicas risotadas de Gerardo, esperando volver a verse pronto, tiraron unos por una dirección, y el otro por otra.

Al cabo de un par de minutos, a Benito se le escapaba la risa.

-Que pasa, Benito, te ríes sólo?

-Mira que eres granuja, Fermín, ha sido muy bueno. Al principio, no supe de que iba la cosa, pero al ver el billete super arrugado, lo pillé.

-Es que... no tenía suelto, que quieres que le haga?

-Si, si. Cuanto tiempo hace que usas el billete ese, desde que existen los euros, no?

-Yo que se, seis meses, ocho... Que le voy a hacer si los comercios no tienen cambio? Menos mal que Gerardo salvó la situación, y...

-Anda, calla, que ya lo tenías pensado de forma que acabara pagando el pobre, que te conozco.

-Bueno... ya lo conoces, siempre ha sido de invitar a tomar algo, es como una tendencia, o una manía que tiene.

-No tienes remedio, eres un tunante, anda, tira, vamos a tomar un café, a tu cuenta, y  saca las monedas de su escondite, que te tengo fichado.



2 comentarios:

  1. Es curioso ... Pero eso me paso a mi ... Me debia la empresa dinero y me dio uno de 200... Solo me sirvio para ir dejando pufos...tuve que ir al banco a cambiarlo.
    ! no se me ocurrio guardarlo !! y a vivir del aire tambien jeje

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  2. JAJAJAJAJAAJA...Fermin,otro personaje que me encanta,Gracias...Muy buena historia,excelente como todos tus escritos :)

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