viernes, 19 de julio de 2013

Fragmentos de una vida un poco dispersa: Yonki de la lectura










Lo confieso, soy un adicto a la lectura, un vicioso de la letra impresa, toxicómano de las páginas, la trayectoria de mi adicción abarca mucho tiempo, llevo casi toda mi vida arrastrando esa enfermedad...

Tengo vagos recuerdos de cuando era una persona normal, hace tantos años, cuando era un niño, porque fue en esa época de mi vida, la infancia, cuando caí preso de esa adicción. Todo parecía muy inocente, la curiosidad me llevó por ese camino. Vi un objeto con dibujos de colorines, con viñetas y unos personajes graciosisimos, Anacleto, el tío Vazquez, Superlópez, y otros, y yo, pobre criatura, quise saber más, leí los bocadillos de esas viñetas, y me pareció interesante y divertido. Seguí haciéndolo con cierta asiduidad, tenía costumbre, pero aún estaba a tiempo de salvarme. Con el tiempo  fui descubriendo más y mas material que leer, ya no me limitaba a la producción nacional, descubrí el comic book americano, y el comic underground, y profundicé en mis lecturas según pasaba el tiempo, hasta que un día quise probar algo más fuerte y me pase a los libros.

Ahí ya empezó la cosa a adquirir más intensidad, quería más y más, cada vez más, mi cuerpo me pedía una dosis cada vez mayor, y no había vuelta atrás. Había tomado un tenebroso camino, se me había metido en el cuerpo el veneno, mi sangre ya estaba contaminada de tinta, estaba contaminado y la recuperación iba a ser muy difícil, vaticinaban. Mis compañeros de trabajo meneaban la cabeza, considerándome irrecuperable.

Con el paso del tiempo las cosas fueron a peor, la adicción se agrandaba cada vez más, y no podía decirse que yo la intentara ocultar precisamente. En el trabajo, en la calle, cualquier lugar me servía para darme un chute de lo que se había convertido casi en un sustento irrenunciable, un chispazo para satisfacer mi mente y cuerpo adictos. Decían que había llegado demasiado lejos, gastando el dinero en libros, reservándoles espacio propio en mi casa, espacio que cada vez era mayor, y cuidando de ellos para que no sufrieran daño.

Me consideraban un ser marginal, que iba a los bares a leer, en lugar de contemplar embobados y vociferar furibundos por el partido de fútbol correspondiente. Pero eso a mi no me interesaba, yo sólo quería satisfacer mis pulsiones lectoras. Podía notar las insidiosas miradas que me lanzaban al hablarles de cosas relacionadas con mi enfermedad, pero ellos no podían alcanzar a entenderme, cuando intentaba entablar conversación sobre temas filosóficos, influenciado por mi enfermedad,  al ser ellos personas normales que estaban a salvo de lo que yo padecía, y manteniéndose alejados de la nociva influencia de los libros. Afortunadas criaturas!

He intentado desengancharme, y ser como cualquier otro del grueso de la sociedad española, intenté no leer nada, ver telebasura  aficionarme al fútbol, y vaciar mi mente de todo, pero soy un lector empedernido, no tengo solución. Incluso he llegado al extremo de intentar varias veces, alguna de ellas con éxito, arrastrar a otras personas conmigo, incitándolas, y enganchándolas a la libroadicción. Lo se, soy un ser abyecto, pero intoxicado como vivo, no soy plenamente responsable de mis actos, no me juzguéis con excesiva severidad. Quizás algún día pueda reinsertarme.

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