domingo, 9 de junio de 2013

Viaje temporal-5. Cualquier tiempo pasado fue mejor?







Entonces lo supo, supo que era todo verdadero, era real. Ernesto por fin había tomado consciencia de lo que llevaba dentro, ya sabía de que era capaz, al menos en teoría.

Mientras tanto, según iba dejando pasar los días para coger confianza con su recién descubierto talento, había comenzado a trabajar para el mismo periódico local en el que Pedro era impresor. Como no tenía experiencia en las artes gráficas, fue contratado como personal de seguridad, en la jornada nocturna. Se encargaba de vigilar las tres plantas del edificio, la planta baja, la de impresión, la primera, la redacción, y la segunda, de administración. Era un trabajo sencillo y bien pagado, y como estaba sólo, recorría el edificio a su aire, con el pleno acceso que le daba su puesto.

En esas horas nocturnas de vigilia, hasta que el relevo le llegaba, le daba tiempo a pensar en multitud de cosas, pero especialmente en lo que había descubierto sobre si mismo. Lo que era reticencia, se iba, poco a poco convirtiendo en curiosidad insatisfecha, que gota a gota, se le iba acumulando. Y la curiosidad por vivirlo, por experimentar la sensación, y ser consciente de ella, cobraba fuerza por momentos. Quería notarlo, quería notar que era lo que se sentía viajando en el tiempo, esta vez sin estar bebido, enterándose de todo.

Así que lo hizo, visualizó en su mente una época concreta, y allí se dirigió. Sintió como si se descorporeizase, como si las moléculas que componían su cuerpo de separasen para volar hacia un punto fijo, todas al mismo, en el que volvían a unirse, cada una en su justo lugar, en un segundo.

Todo era como Pedro le había descrito. Bueno, más o menos, ya que era bastante escueto en sus explicaciones. Quizá fuese porque simplemente no había ninguna explicación racional que dar para semejante fenómeno.

Pero lo sabía, sabía que se había trasladado a un tiempo diferente, pues aunque el ambiente parecía ser otro, el escenario, el entorno que le rodeaba era el mismo, se aseguró de ello, pues en su visión, o viaje astral o lo que fuera, se le había revelado que también era capaz de desplazarse por el espacio.

Había realizado un salto de unos 18 años atrás, a 1962. La ciudad aún era reconocible, pero parecía otra a la vez. Era una época de la ciudad que no había vivido y por la que tenía gran curiosidad, por lo que había decidido pasearse un rato por aquel tiempo. Se dio el gusto de caminar por sus calles y contemplarla como si fuese nueva. Lo notaba en cada golpe de vista que le dedicaba, aquellos jardines, los parques, los edificios,todo parecía tener un encanto particular, que sólo él percibía. El atuendo de la gente que caminaba por la calle, le hizo recordar el suyo propio, típico de 2012, quizá a alguien le llamara la atención algo de lo que llevaba puesto, aunque a el pareciera discreto, a la vista de otros ojos podría no serlo. Los diseños y los tejidos que llevaba diferían un poco de la época en la que se encontraba. Dejó de pensar en eso y dejó llevar por el paisaje que le rodeaba, con las calles plagadas de tiendas de ultramarinos, pues la invasión de los supermercados aún no se había producido allí.

Le entraron ganas de fumarse un pitillo, a modo de celebración de poder contemplar ese panorama. Cuando Ernesto cogió el paquete, estaba vacío. Necesitaba tabaco, por lo que localizó un estanco cercano que le serviría para repostar sus suministros de nicotina.

Entró sin pensarlo, aguijoneado por la abstinencia del tabaco. Era un estanco pequeño, todo de madera, con un mostrador que había conocido mejores días. El tabaco y otros artículos dispuestos para la venta, parecían amontonados y sin demasiado orden aparente. La estanquera, una mujer mayor de pelo cano, estaba con la vista centrada en el periódico que ojeaba, al verle entrar, levantó la vista por encima de sus gafas, que llevaba caídas sobre la nariz,  hacia Ernesto, enfocándole directamente con sus ojos, y su expresión cansada.

-Que desea?

-Dos paquetes de Camel, si hace el favor.

-No tenemos.

-Y de Chesterfield?

Sin decir palabra, revolvió un montoncillo de paquetes de tabaco de varias marca de uno de los estantes, hasta que encontró lo que se le había pedido. Se giró y los tiró encima del mostrador.

-Son 48 pesetas.

Ernesto rebuscó en los bolsillos y sacó un billete de 5 euros, lo que sabría que no valdría, volvió a rebuscar, tenía que haber algo. Lo encontró. encontró una moneda de 100 pesetas, por suerte.

-Aquí tiene.

Ernesto, cogió y se guardó los cigarrillos. La señora cogió la moneda, la miró, le dio vueltas, y le preguntó:

-Esto que es?

-Como dice, señora?

-Que que es esto?

-Pues cien pesetas, es que no es obvio?

-Si, pero este que está grabado en la moneda, no es el caudillo... esto es falso.

Maldición, para una moneda de cien pesetas que tenía, no era la correcta. Era una moneda de cien pesetas reluciente, emitida en 1980, y con la efigie del rey. Que iba  a hacer ahora? Trató de capear el temporal como pudo:

-Será un error de impresión, a mi me lo dieron como bueno, y me parece una moneda legal a pesar de sus errores.

-Es usted un falsificador, y un estafador!

-Oiga, señora, no se lleve una impresión equivocada de ...

-Cálmese, si quiere, voy a sacar dinero del cajero automático más cercano.

-Que cajero automático ni que narices, es usted un sinvergüenza!

-Señora, no se precipite, ni se forme una impresión equivocada de...

-POLICÍA, AL LADRÓN, AL LADRÓN!

La mujer gritaba con cara congestionada, parecía que estaba a punto de darle una apoplejía, pero estaba montando un pequeño escándalo que iba a más. Ernestó miró a la puerta y ya se estaba comenzando a formar un pequeño corrillo de curiosos, a lo lejos, vio acercarse una figura vestida de gris, proveniente de la comisaría que había a unos 400 metros, para su desgracia. Ernesto puso cara de circunstancias, a ver como explicaba esto, de una forma satisfactoria para esa gente. Devolver el tabaco ya no les satisfacería, el mal ya estaba hecho, resultaría inútil deshacerse en disculpas y explicaciones. Eso le pasaba por hacer las cosas a lo loco, y sin ninguna previsión. Debió de pensárselo mejor antes de saltar al pasado así, por las buenas.

Salió a la calle, para tener una visión mas clara de lo que se aproximaba,  e ignoró los gritos de la estanquera, que no se callaba, la redomada idiota, y estaba atrayendo la mirada de demasiada gente. Se escurrió por entre los mirones y cotillas, que le preguntaban que había pasado. No quería contestarles. Ya la había pifiado y no quería seguir metiendo la pata. Ya estaba cerca de estanco el uniformado gris, ya se le distinguía en su uniforme gris el águila dorada sobre el romboide rojo, demasiado cerca para su gusto, y con la porra en ristre, lo que hacía sospechar que tenía intención de usarla.

La estanquera, desde dentro de su establecimiento, seguía vociferando, lo que le vino bien para alejarse de allí algo más, mientras el policía entraba a ver que era lo que sucedía.

Ernesto, que no quería quedarse a comprobar lo que decían sobre la policía franquista, prefiriendo ahorrarse una ensalada de puñetazos y bofetadas. Encontró un lugar discreto desde donde hacer un salto temporal, y volvió a 1980, en donde Pedro le esperaba.

-Hola Ernesto, no has podido esperar, eh? espero que no te hayas metido en un lío, donde has estado?

-En 1962, uf, que follón, he estado a punto de acabar en comisaría, si llegan a echarme el guante. Me hubiera caído una buena.

-Ya lo creo que si. Te lo avisé, piensa detenidamente antes de hacerlo, a partir de ahora, para que no salgas escaldado.


Ernesto abrió uno de los paquetes de tabaco y saco dos cigarrillos, ofreciendo  uno a Pedro

-Todavía tengo los pelos de punta. Y todo por parar a por tabaco. Esta vez el fumar si que ha estado a punto de ser fulminantemente perjudicial para mi.

Se rieron mientras se fumaban un cigarro, los objetos de la discordia en aquel salto temporal, mientras Ernesto pensaba en la próxima vez, para el próximo salto, no sería tan descuidado, no se despistaría tanto, e intentaría disfrutarlo más, pronto aprendería a hacerlo bien, o al menos, no demasiado mal.



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