lunes, 3 de junio de 2013

La puerta-3








Cuando Sonny y Kate le propusieron a Amanda que contactara con Frank Malloy, ella se resistió al principio, no quería ponerse en manos de alguien que para ella era un completo extraño, aunque fuera un psicólogo. Les fue dando largas durante semanas, hasta que no pudo más con su propio dolor, y cedió. Su primer contacto fue en casa de Sonny. Frank Malloy apenas alcanzaba los 35 años, y su largo pelo rubio, y su mirada a través de sus redondeadas gafas, inspiraba confianza. Su trato era cordial y agradable. Conocerlo en persona, saber que era una persona, como ella, y no tan solo un nombre impreso en una tarjeta profesional, además de amigo personal de su hermano, le daba buena impresión. Pero lo que verdaderamente hizo inclinar la balanza a su favor fue tener ocasión de saber que el había estado en el mismo lugar que ella. Frank Malloy, también estuvo presente en los sucesos de Kent State, apoyando las demandas de los estudiantes, y de parte del  profesorado, al que le unían lazos de amistad.


Saber aquello, que él vivió aquellos terribles momentos, hizo que Amanda cambiara radicalmente la forma de ver de consultar con él sus problemas, por lo que accedió a una informal visita a su consulta.

En aquella primera visita, supo que Frank albergaba las mismas aspiraciones que ella, quería poder hacer algo para cambiar, para curar el mundo, para que la sociedad dejase de desangrarse, y cerrar las heridas.

-Como te encuentras en este momento, Amanda?

-No muy bien, si tenemos en cuenta lo que sucedió allí... lo que sucede en todas partes...

-Si, lo se, pero no debes permitir que el peso de todo ello te hunda, no debes darte por vencida aún.

-No se si habrá algo que pueda hacer por solucionar eso, no.... ni tan siquiera puedo con mi propia vida...

-Cálmate, para ayudar a los demás, primero debes ayudarte a ti misma, una vez hecho, estarás en posición de prestar algún apoyo a otros.

-No veo como podría ayudar en nada, ni a mi misma...

-No te dejes llevar por lo negativo, aunque no lo creas ahora, distas mucho de estar vencida. Si tu me lo permites, yo te ayudaré a intentar encontrar el modo de lograrlo.


Hablaron durante horas, y Amanda, al fin abrió a otra persona sus problemas, la permanente sensación de pérdida, la soledad, todos los miedos que la atenazaban. Cuando hubieron terminado, ella prometió volver la semana siguiente. Y Frank prometió ayudarla por todos los medios a su alcance.

La noticia de que Amanda iba a cooperar para su recuperación, en varias sesiones con Frank, hizo renacer las esperanzas de Sonny y Kate, la esperanza de volver a ser una familia unida y sin fisuras, algo que Sonny siempre había anhelado, pero que siempre hasta el momento se había frustrado, con la muerte de sus padres, la marcha de Amanda en su loca búsqueda de sí misma, y sus recurrentes traslados a nuevos destinos. El quería enraizarse definitivamente en un lugar determinado, con los suyos, y dejar atrás la larga serie de mudanzas de los últimos años. Kate, por su parte, confiaba en que las cosas mejoraran para todos, apreciaba a Amanda casi como a una hermana, y no quería seguir viéndola hundirse una espiral de depresión como hasta ahora, por su parte, haría todo por contribuir a su mejoría.


En la siguiente sesión, Frank se dirigió a  Amanda, no solamente como un terapeuta, sino también como un amigo con firme voluntad de ayudar, con verdadero interés en su total recuperación. Se trataban de igual a igual, pues compartían las mismas inquietudes.

-Amanda, tengo una teoría, un poco descabellada, y tan sólo es una simple conjetura, pero es algo que me gustaría probar, pues quizá sea una vía hacia la solución de tu problema.

-De que se trata?

-Es un fármaco completamente nuevo, tanto, que aún está en fase experimental, y no tiene nombre, pero podría ser un paso grande hacía lo que queremos conseguir. Un fármaco que potencia ciertas zonas del cerebro, y fortalece la psique en su conjunto, o al menos eso presumo, pues apenas tengo unas pocas referencias acerca de él.

-Como puedes saber que es bueno, si casi no sabes nada sobre ello? Y si fuera algo peligroso?

-De las pocas referencias de que dispongo, casi todas provienen de un colega psicólogo en el que deposito mi total confianza. No ha descrito ningún tipo de efecto adverso a corto ni medio plazo.

-No estoy segura de que sea ese camino el que debemos tomar, asusta un poco el saber casi nada acerca de esto.

-Hagamos una cosa, para fomentar la confianza entre nosotros, los dos lo probaremos, así verás que no entraña riesgos, y yo redactaré un informe sobre el medicamento.

-Debes ser el psicoterapeuta más atípico que existe en todo el mundo. Probar sustancias desconocidas...

-Bueno,en eso consiste el método científico, probar nuevas vías, tomar riesgos, explorarlo todo en pos de una mejora sustancial para los problemas en los que trabajo.

Frank era persuasivo y convincente, pero aún así, Amanda vaciló, tenía un poco de miedo por lo que pudiera pasarle, no quería añadir más problemas de los que ya tenía. Había oído hablar de los malos viajes del LSD,  y aunque no había tenido ninguno, lo había visto en personas cercanas, sabía lo angustioso que podría ser, no quería que aquello le hiciera daño. Pero el, Frank, se había comprometido a probarlo junto a ella, no podría ser algo tan peligroso como imaginaba.

Titubeó unos segundos mas, para decidir que sí, que iba a correr el riesgo, por las cosas que podía ganar, para dejar de sufrir una sociedad que despreciaba a ella, y todos los que eran como ella. Estaba cansada de la tensión de la vida que llevaba, cansada de llorar hasta dormirse casi todas las noches, ahogada por la latente violencia y la homicida indiferencia.

-Está bien, hagámoslo- Dijo ella al fin.

-Sabia decisión, ahora estamos en un entorno inmejorable para experimentar con esto. Vamos a ver, donde estaba...

Frank sacó de un pequeño estante de puertas de cristal, que estaba atornillado, un frasco amarillo, que contenía unas esféricas pastillas de color rojo. Sacó dos, y volvió a poner todo en su lugar, a continuación sirvió dos vasos de agua, uno de los cuales, acompañado de una de las extrañas pastillas rojas, acercó a Amanda.

-Preparada, Amanda?

-S-si

-Por el principio de del fin de tu angustia, y la celebración de una nueva vida. Los buenos nuevos tiempos están cerca- Dijo elevando el vaso sobre su cabeza.

Frank se tragó la pastilla, y se bebió todo el agua a continuación. Amanda lo observó, y cuando el hubo terminado, aún sostenía la pastilla roja, a la que miraba atentamente como buscando algún indicio de sus efectos. Finalmente se decidió a hacer lo mismo que Frank, tragándose la pastilla, y bebiéndose el agua de un sólo trago, sin pensarlo más, o de lo contrario no lo haría nunca.


Una vez hecho, se sentaron, a la espera de recibir los desconocidos efectos de aquel anónimo fármaco. Esperaron durante casi dos horas, pero no sucedió nada, excepto una pequeña sensación ácida en el paladar.

Amanda no quiso esperar más.

-Frank, esto no fun...

Cayó al suelo, sin sentido. Frank ni siquiera pudo reaccionar, se desvaneció allí mismo, en el sillón en donde  donde se encontraba. Pasaron horas antes de que pudieran abrir los ojos de nuevo, Amanda se levantó despacio del suelo , estaba ligeramente mareada, y en su cabeza, notaba una especie de zumbido. Frank seguía inconsciente en su asiento. Amanda miro a su alrededor para asegurarse de que aún era de día. Miró al reloj de la consulta de Frank, había estado inconsciente 73 minutos. El zumbido de su cabeza parecía estar remitiendo, aunque tenía una extraña sensación, como si fuera una persona distinta, o hubiera algo diferente en ella, no acertaba a describirlo. Frank se despertó.

-Oh, Uhm... que ha... pasado?

-No lo se, creo que nos desmayamos, estas bien Frank ?

-Si, no te preocupes, espero que tu también lo estés.

-Si, llevo unos minutos en pie. No ha funcionado, verdad?

-Pues....no como esperaba que lo hiciera... como potenciador de la mente no, pero quizá podría ser usado como narcótico...He de consultar al compañero que me lo recomendó...  no se que puede haber pasado...

-Me alegro de que te encuentres bien, y te agradezco tus esfuerzos por ayudarme, ahora debo irme, he de ir al trabajo.

-Lo comprendo. Ve, no te preocupes...intentaré averiguar más sobre esto, y te llamaré para contártelo....seguiremos intentándolo.

-Gracias Frank!


Desde donde estaba, Amanda podía coger el metro y llegar con rapidez a la cafetería, para llegar a tiempo, pero tenía que tomar el tren que estaba a punto de salir. Bajó las escaleras corriendo, y ya podía divisar el vagón, cuyas puertas comenzaban a cerrarse. Sintió un ataque de pánico ante la idea de perder el tren, no sólo por el hecho de llegar tarde al trabajo, le horrorizaba tener que esperar al siguiente tren, y quedarse sola en la estación de metro hasta que llegase. Deseo que las puertas no se cerrase, que se abrieran, que el tren aún no arrancara, hasta que ella estuviese dentro de él. Pasaron unos segundos, y afortunadamente pudo entrar, lo cual fue un alivio para ella, aunque algo extraño, pues ya pasaba de la hora y el tren seguía allí, con las puertas del vagón suspendidas a medio proceso de cerrarse, dejando el suficiente hueco para que ella pudiese entrar. Una vez dentro, se cerraron, y pudo arrancar. En ese momento, no reparó en ello, lo atribuyó  a un problema técnico, pero más tarde, y a raíz de otros hechos, se daría cuenta de que los motivos de tan oportuno retraso del tren, obedecían a otros motivos muy diferentes.



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