jueves, 27 de junio de 2013

Calentando la guerra más fría-2. Declaración de insurgencia








Nuria no necesitó enfurecerse, o al menos, no necesitó hacerlo más de lo habitual. Los que vinieron, alrededor de unos 23, no llegaron tarde. Todos los que asistieron, militaban o habían militado en algún partido, sindicato, o algún otro tipo de movimiento social. Todos sabían del precario estado de la sociedad, tanto en su pequeña localidad, como a nivel global.

Muchos de ellos conocían a Nuria, bien personalmente, bien por referencias. Para unos pocos, todo era nuevo. Los que la conocían, en el pasado la habían desaprobado por su expeditiva forma de actuar. Su presencia en aquel lugar, evidenciaba lo desesperados que estaban ante la situación que se vivía en todo el mundo. Cuando se hubieron sentado, o en su defecto, apoyado más o menos cómodamente en algún lugar en el que no tropezaran con botellas, dirigieron todos su mirada hacia la peculiar pareja que les había convocado, Asier, rompió el hielo dirigiéndoles unas palabras.

-Gracias por venir, con la poca información que os hemos dado. Ahora entraremos en detalles, no os preocupeis.

Nuria, por su parte, prefería que se preocuparan, cuanto más, mejor, que se preocuparan hasta el punto en el que se dejaran de remilgos y atajaran las cuestiones que a todos se les atragantaban. No quiso esperar más, por si venía alguna persona algo rezagada. Sin más preámbulos comenzó con lo que tenía que decirle a aquella gente, aunque fuese un grupo reducido.

-Ya sabéis como está la situación ahora mismo. Los recortes de derechos, las privatizaciones y el control social. Esas, y otras relacionadas, son las razones que nos llevan a este lugar. No podemos seguir como hasta ahora, jugando a las casitas, mientras todo se derrumba encima nuestro. No podemos seguir limitándonos a sentarnos en el suelo, y dejarnos apalear mansamente. Esos métodos se han demostrado inútiles.

-Eh, que pretendes, que nos tachen de terroristas? Es lo que pasará si hacemos uso de cualquier forma de violencia.- Inquirió uno de los asistentes.

-Ya nos declaran terroristas, sin usar la violencia, sólo por existir, sólo por salir a la calle.-Intervino Asier.

-No, no uséis la violencia, seguid como hasta ahora, si queréis. Vosotros tranquilos, a lo vuestro. No hagáis caso de las señales que se ven en todas partes. Continuad como hasta ahora, dejandoos pisotear una vez más, a todo se acostumbra uno, no? Pero un día, sin previo aviso, cuando más tranquilo parezca el ambiente, ya no les resultará suficiente con excluiros. Un día, vendrán a por vosotros, por no ser uno de los suyos, de los adeptos al régimen.- Continuó Nuria.

Se calló un rato, quería observar como se tomaban el mensaje. A unos pocos, los más adeptos del pacifismo, les incomodaba sobremanera, a otros, más combativos, no tanto. Pero a ninguno le era indiferente. Nuria continuó, quería dejar más claro aún el mensaje, que no diera lugar a la confusión.

-Cuando llegue ese día, quizá comprendereis, demasiado tarde, que mientras os limitabais a sentadas, y batucadas, entre otras cosas, la campaña de exterminio social, ya había comenzado. No hay lugar a error, todos los indicios apuntan en esa dirección. Es una progresión lógica desde la perspectiva del poder. Nos forzarán a someternos a sus designios, que por atroces que sean, ellos convertirán en legales. Así nos robarán nuestro futuro, y nuestras vidas.

Volvió a hacer una pausa, los que escuchaban se miraban unos a otros, y murmuraban. Nuria no podía oír lo que decían, pero suponía que aún estaban asimilando el mensaje, que era muy diferente al buenrollismo de otros. Siguió un poco más.

-Lo que aquí tenemos, queráis verlo o no, es una guerra, por fuerte que os suene. Una guerra en la que no hay neutralidad posible. Algunos no somos sacos de boxeo, y por eso, hemos decidido tomar parte activa y abordar una postura de contraofensiva. Se va a acabar el pacifismo estéril, y la contención. Esos cabrones de mierda van a recibir respuesta, y una respuesta contundente. Se acabaron los comeflores. Pronto, muy pronto, tendremos los medios para responder con fuerza. Quien quiera participar, que hable con Asier aquí presente. Eso es todo por el momento.

Según acababa de decir esto, salió como un rayo del almacén, para sentarse en la barra del bar, quería dejarlos que mascaran sus palabras, que les fuera entrando por la mollera, y eso no podían hacerlo delante de ella, sabía que su presencia ponía los pelos de punta a más de uno. Entró en la barra y ella misma cogió de la cámara una cerveza. No había problema, Carlos no pondría objeción alguna. Como estaba ya cerrado se encendió un cigarrillo allí mismo, y brindó consigo misma, por las batallas que iba a librar, y la sangre culpable que iba a hacer brotar.



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