sábado, 25 de mayo de 2013

Viaje temporal-4. Time is on my side.








A Ernesto le daba algo de reparo el tener que hacer de aprendiz a su edad, bajo la tutela de Pedro, como si Pedro fuese una especie de maestro Jedi, o similar, algo que parecía creerse. Le fastidiaba el tener que ponerse en manos de alguien a quien apenas conocía, y no sabía que era lo que le esperaba, ni las cosas que tendría que hacer.

Trataban el asunto sentados en saloncillo del piso de Pedro, Ernesto en el sofá que le había triturado el cuello, y Pedro frente a él, en un taburete, Pedro le daba las líneas maestras a seguir para los próximos días:

- Para empezar, te ayudaré a colocarte en la imprenta del periódico local, en el que trabajo como impresor, precisamente están en busca de personal.

- Pero como coño me va a contratar nadie con mi nombre, si se supone que aquí en 1980, tengo unos seis años?

-Tú no te preocupes por eso, estate tranquilo, que tengo eso cubierto. Ya lo había pensado, te haré un nuevo documento de identidad, bajo el nombre de Ernesto Escobar.

- Espero no tener que estar demasiado tiempo por aquí. No es que no me caigas mal, ni que me disguste esta época, pero es que todo esto me sobrepasa, entiéndelo... Por cierto, que hay del entrenamiento que decías que debía seguir?

-  Bueno,  tendrás que quedarte hasta que sepas manejarte por el tiempo. En cuanto al asunto del entrenamiento, eso es cosa fácil.

- Fácil? A cualquier cosa llamas tu fácil, me parece a mi. Sólo espero que no me pongas a hacer instrucción a lo bestia, como si fuera un aspirante a marine o algo por el estilo.

Pedro rió.
- No, no se trata de eso, no es algo que implique un esfuerzo físico, sino mental. No debería costarte mucho tiempo, ni esfuerzo. De hecho, posiblemente tengas parte del camino hecho, pues el despertar de la habilidad conlleva la predisposición mental hacia la misma.

- Pues mira, me parece bien eso, así ahorramos tiempo y esfuerzo.

- Me ocuparé de crear las condiciones que propicien lo que queremos lograr... Te he habilitado un pequeño cuartito que no uso, para tu entrenamiento mental y sensorial, que mañana dará comienzo, y cuando termine, comienza la segunda parte, en la que ya podrás salir al exterior, y trabajar en la imprenta. Que te parece?

- Mal, me parece mal, pero como según parece que no tengo más opción... que le vamos a hacer...



Esa noche fue la última en la que Ernesto tuvo que dormir en el sofá, sumido en un intranquilo sueño, despertándose varias veces. Al día siguiente, Pedro, le habilitó el pequeño cuartito, en el que no había apenas muebles, exceptuando una pequeña cama plegable que tenía en el trastero, y un cuadro, una pintura de autor desconocido, en la que se representaba un campo de bambú. A Ernesto no le hacía mucha gracia la primera impresión, que le dio aquel blanco y reducido habitáculo. Le hizo mucha menos gracia cuando Pedro le explicó las condiciones.

- Bueno, lo que tendrás que hacer es permanecer aquí en todo momento, excepto para ir al baño.  Tendrás a tu disposición todo el agua que necesites beber, pero tendrás que ayunar, no podrás comer sólidos en esta primera etapa. Tendrás que despojarte de tus ansias, odios, miedos, y manías, todas los dogmas y doctrinas autoinducidas y dejar aflorar al yo natural. Entonces, cuando llegue el momento, lo sabrás, lo sentirás.

- Que voy a tener que estar encerrado ahí como una monja de clausura, y sin comer? Pero esto que coño es, un campo de concentración o que ?

- Tu hazme caso, no deberías tener que permanecer aquí mucho tiempo.

Tras decir esto, Pedro dejó sólo a Ernesto, en un mar de blasfemias y maldiciones. Ernesto se sentó en el pequeño camastro plegable farfullando docenas de insultos contra Pedro, ese cabrón chiflado, que casi podría decirse que le tenía secuestrado.

Pasó casi un día entero, Ernesto no sólo lo sabía por las frecuentes veces que miraba el reloj, sino porque veía a través del ventanuco del cuarto, que estaba oscureciendo. Tenía hambre, pensaba en como sería morir por inanición, quizá lo descubriera. También estaba mortalmente aburrido.

- Como echo de menos twitter en estos momentos- Murmuró para sí mismo.

Hizo un viaje al baño, al salir, se dio cuenta de que estaba sólo en el piso, Pedro no parecía estar. Hizo una pequeña incursión a la cocina, pero el muy la había cerrado. Frustrado, volvió al cuarto, tirándose encima de la cama, inmerso en furibundos pensamientos. Se durmió, y al despertar era aún de noche. Ya no se molestaba en mirar el reloj, empezaba a darle igual todo, empezaba a pensar que estaría ahí recluido de por vida.

Se sentó en el suelo e intentó no pensar, en nada, para sentirse mejor. Pasaron más horas, ahora estaba calmado, y cerró los ojos continuó así durante largo rato, respirando con calma, pero rítmicamente. Las horas siguieron sucediéndose plácidamente, y entonces, algo le ocurrió. Sintió como si su esencia dejara su cuerpo en esa pequeña habitación, y se desplazara a otro lugar, en una sensación indescriptible, observó el mundo desde fuera, y desde dentro, y vio la infinita  esfera del tiempo, en la que los hechos de la historia, el mundo que había sido, el que era, y todos los que podrían ser, vio también a la persona que él conocía como Pedro, en todos ellos, como constante en infinidad de variables, todo se sucedía simultáneamente, notó una cálida brisa, y sintió en su mente introducirse la comprensión de sí mismo, y de todas las eras. Volvió en sí, recuperó su cuerpo, casi sin respiración, y se desvaneció.

- Levanta, marmota, ya es la hora!

Era la voz de Pedro que le despertaba. Ernesto se encontraba tirado en el suelo, notaba que estaba mojado.

- Limpia esto, date una ducha, y controla mejor tu vejiga, si es posible, vale?

Se había orinado encima, todo lo que había visto, lo que había experimentado, imposible de describir en ningún lenguaje articulado, casi había sido demasiado para el. Sólo desde la inconsciencia, pudo asimilarlo. La ducha le sento bien, excepto por que casi al final, tuvo que utilizar agua fría, desventajas de la época en la que estaba, las bombonas de butano se agotaban enseguida, y no había gas ciudad.

Cuando hubo puesto orden en el cuarto, y en su cuerpo, se sentó en el salón frente a Pedro, había cosas que quería comentar, mientras sonaba de fondo, en un pequeño transistor, una tertulia radiofónica, sobre temas políticos y sociales,  tertulia a la que apenas prestaban atención en esos momentos. Ernesto preguntó a Pedro por que motivo se le había aparecido en sus visiones.

- Al igual que tú, Ernesto, yo soy un fenómeno de la naturaleza, un ser de peculiares características de las que el mundo se provee a si mismo cada cierto tiempo. Yo fui dotado para vivir cientos de vidas en una para detectar y encontrar a los que son como tú, los que navegan por el tiempo. He conocido muchas épocas, muchos lugares, y he poseído muchos nombres.

- Quieres decir... que eres inmortal?

- No me atrevería a afirmar tanto, tan sólo que mi existencia es más larga que la del resto.

- Y yo, que pinto yo en todo esto?

- Tú, ahora, eres el único ser vivo que puede navegar por las corrientes del tiempo, como ya hicieron otros. Ya casi estas listo del todo, ahora tan sólo tienes que probarte, ejercitar tu habilidad, por lo que deberás permanecer aquí un poco más, hasta que puedas hacerlo por tu cuenta.

- Y eso cuando será?

- Desde el momento que tu desees, tan sólo tienes que visualizar a que momento irás, y todo sucederá de forma natural. Pero primero deberás practicar saltos controlados y supervisados por mi. Yo sabré en que época estás, en todo momento.

En ese momento, Ernesto reparó en que la tertulia que provenía de la radio, se había terminado. En su lugar, y como dirigida específicamente a él, ahora sonaba la canción Time is on mi side, de los Rolling Stones, la idea le hizo gracia, y casi sin darse cuenta, por primera vez en días, rió con ganas.

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