lunes, 20 de mayo de 2013

Viaje temporal-2. Donde estoy, o cuando estoy?






Ernesto se quedó callado unos instantes, mirando a Pedro, el tipo de la perilla que le había dicho que estaba en el año 1980. Ahí estaba, a la puerta de un bar con ambientación retro, que cobraban en pesetas, vaya fin de semana se le presentaba.  No sabía que era lo que debía hacer ante una situación tan extraña e irritante, no sabía que rayos estaba pasando. Se estaba empezando a impacientar. Cerró los ojos unos instantes.

- Estás bien? Te veo un poco pálido- Le preguntó Pedro.

Ernesto abrió los ojos, y fulminó a Pedro con la mirada.

- A ti te parece que esto es estar bien, joder? No que es lo que hostias pasa aquí, y encima vienes tú, que ni te conozco, a soltarme una cantinela de que ésto es 1980 y encima esperas que te aplauda con las orejas.

- Cálmate. Hagamos una cosa, vente conmigo, a mi piso, y te contaré que es lo que sucede.

- A tu piso? Gracias pero no, ya aclararé esto...de alguna manera -Respondió Ernesto, rebajando el tono, y calmándose.

- No seas inconsciente. en ésta época no tienes a dónde ir. Lo único que puedes conseguir es llevarte una paliza en una comisaría, y acabar entre rejas si montas algún numerito.

Ernesto pensó, sopesó las opciones. Si había algo de verdad en lo que ese tipo decía, quedarse en la calle conllevaba un riesgo, riesgo que no le apetecía correr en este momento.

- De acuerdo, acepto, pero sólo esta noche. Y una cosa mas, por si tienes intenciones ocultas, soy hétero, y sé algo de artes marciales.

Pedro rió. - Muy bien entonces, sígueme, tengo el coche ahí.

Ernesto, dándole vueltas a la cabeza aún y sin saber que otra cosa hacer, siguió a Pedro en un recorrido de unos 50 metros desde la puerta del bar, y subió en su coche, un Seat 850 de color blanco. Pedro arrancó y se dirigieron a su casa, donde llegaron en unos diez minutos.

Se bajaron tras aparcar junto al parque grande. Ernesto siguió a Pedro hasta un edificio cercano, un edificio que él conocía, y frente al que pasaba con asiduidad, pareciéndole viejo. Pero ahora era relucientemente nuevo. El portal estaba forrado de madera, así como la puerta, hecha del mismo material. No veía los frecuentes elementos metálicos a los que acostumbraba, prácticos, pero estéticamente monótonos, incluso feos. Subieron las escaleras hasta el segundo piso, aún no se había instalado ningún ascensor.

Al llegar al segundo derecha, Pedro sacó la llave y entro, encendiendo las luces a continuación. Entrando los dos hasta la cocina. Ernesto se fijó en el mobiliario, los armarios de corte retro, y la pequeña cocina de tres fuegos a gas butano, una lavadora Kelvinator de las que ya hacía tiempo que no existían, y una enorme nevera sin marca, de formas redondeadas. Todo parecía concordar con lo que había dicho. Aún así, se resistía a creerlo, no podía aceptarlo, simplemente. Al menos, no sin una explicación mínimamente satisfactoria.

Ernesto notaba que empezaba a hervir por dentro, ante tan opresivo silencio, que hacía crecer su impaciencia y la sensación de incertidumbre que le acompañaba esa extraña noche. Sin poder aguantarse por más tiempo, se dirigió a Pedro.

- Bien, necesito saber de que trata todo este asunto, si no te importa.

- De acuerdo te lo contaré, acompáñame y toma asiento.

Lo condujo a un saloncillo en que había un sofá de cuero marrón y estructura metálica. La estancia estaba dominada por un ejército de libros, divididos en dos estanterías, que iban del suelo, hasta casi alcanzar el techo. En el centro, entre las dos, un gran televisor Phillips con armazón de madera recogía el reflejo de los dos hombres. Tras recorrer con la mirada toda la sala, Ernesto tomó asiento en el sofá, esperando saber que era lo que sucedía, reprimiendo las ganas de darle un guantazo al tipo ese que no hacía más que sonreír. Si, le apetecía darle, darle con la mano abierta, y con carrerilla.

Al fin Pedro rompió su silencio, y se arrancó a hablar:

- Muy bien, por donde empezar, como decir esto sin que suene demasiado extraño... Tú tienes una inusual, característica, una habilidad de la que no eras consciente, la de moverte a través del tiempo, y quizá también a través del espacio. Esa habilidad, es posible que de forma inconsciente la tuvieras inhibida, y posiblemente cuando te emborrachaste, se rompiera tu bloqueo, el inhibidor de tu habilidad.

- Mira, Pedro, en el supuesto caso de que me creyera semejante despropósito, cual es tu papel en todo esto, que pintas tu?

- Yo soy un centinela de la corriente temporal, como ya te dije, mi única habilidad es detectar a personas como tu, y localizarlas, siempre sé donde estás, y por eso me fue fácil encontrarte y sacarte del bar antes de que hubiera trifulca. Yo sólo tengo que vigilar de que no haces nada irreparable.

Ernesto, se quedó callado durante un rato, hasta que al final, dijo:

- A la mierda, ya he tenido bastante, me largo de aquí.

Salió de sala, y de dirigía a la puerta de la calle, cuando oyó la voz de Pedro detrás suyo.

- Puedes irte cuando quieras, pero te sugiero a que esperes a mañana por la mañana, para que veas por ti mismo que esto no es ningún montaje, ni yo estoy delirando. Mañana, si insistes en irte, yo te acercaré en coche a donde te plazca, pero espera a ver las cosas con tus propios ojos.

Ernesto se detuvo, pensando en ello, mientras aún sostenía el pomo en su mano, no sabía muy bien si quedarse, o irse, aunque tampoco perdería nada por esperar unas horas. De todos modos, no tenía ningún plan hasta el lunes.

- Bien, tu ganas, de momento, pero mañana por la mañana, espero que todo quede aclarado- Dijo Ernesto cerrando la puerta que ya había abierto.

- Estupendo, cuando mañana salgas a la calle, te convencerás de la verdadera situación, lo verás tu mismo, y te quedará más claro que con cualquier explicación que yo pueda darte. Espera un momento, ahora vuelo.

Se metió en una habitación saliendo un minuto después con una manta en las manos.

- Ernesto, lo siento, te ha tocado el sofá para dormir, este es un piso pequeño como puedes ver, y no creo que te apetezca compartir habitación, verdad?

- No, claro que no, y menos sin conocernos- Dijo Ernesto, sin poder aguantarse la risa. No sabía porqué, pero ese tipo, que acababa de conocer, le daba cierta confianza, más de la que quería admitir.

- Muy bien, yo me retiro a dormir, mañana lo veremos todo con más claridad, siento no tener otra cosa que el sofá para ofrecerte, parece un instrumento de tortura, pero es aún peor, nos vemos- Se despidió Pedro.

Ernesto lo despidió con un movimiento de cabeza, mientras buscaba su tabaco en el bolsillo. Se metió un cigarrillo entre los labios, cogió un pequeño cenicero de una mesa y finalmente, estirándose en el sofá y echándose la manta por encima, se encendió el pitillo.

Pensó detenidamente mientras se fumaba el cigarrillo. Una maraña de pensamientos se arremolinó en su mente. Mañana todo quedaría claro, la mañana siguiente arrojaría luz sobre todo lo que le estaba pasando. 1980, que tontería, por favor, aunque ese año era de una de las décadas que recordaba con cariño. Estaría bien volver a vivirlo. Del 2012, a 1980 en un chasquido, sería la leche, pero eso no podía ser, no?




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