jueves, 30 de mayo de 2013

El fantástico perro parlante-2. No es una alucinación, es verdad!







Cuando Javier se despertó, y se levantó del sofá, ya era la mañana siguiente, había dormido casi un día entero. Asumió el delirante día anterior como un extraño sueño. Se dirigió a donde estaba el perro, y se lo encontró sentado junto a un  pequeño charco amarillo en suelo, con carita de pena, y oyó que le decía:

-Perdóname, no me podía aguantar más.


A Javier se le quitó enseguida la teoría de que todo era un sueño. Decididamente, era algo que se salía de lo normal. De lo que no estaba seguro era de si era cosa del perro, o que su mente ya no funcionaba bien. Tapó el charco con periódicos, y preparó la fregona que tenía para los ocasionales escapes de vejiga de Rufo. No dijo nada, pero no pudo evitar sonreír ante la idea de que el perro hablase, aunque sabía que aquello no era posible.

Cuando hubo terminado de ponerlo todo en orden, se puso un café, y consultó su móvil, contemplándolo y pensando en si llamar a algún psicólogo, para solicitar algún tipo de terapia, y combatir su incipiente y repentina tara mental. Seria alguna especie de perturbado?

En el último momento, eligió un número, un número específico que marcaba con cierta frecuencia. Llamó a su amiga Laura. Laura era quien podría corroborar cualquiera de las dos opciones, o el perro hablaba, o él estaba algo chiflado. Así se aseguraría de si tendría o no alguna patología. Marcó el número. Dos tonos, y descolgó:

-Si, dime, Javi, que tal? -dijo una suave voz femenina al otro lado de la línea.

-Hola Laura, estás ocupada estos días?

-No, tengo unos días libres acumulados que estoy disfrutando, por que?

-Me preguntaba si te apetecería tomar un café y charlar un poco.

-Si, sería estupendo, que hace días que no te dejas ver por ahí- Le dijo Laura

- Si, es que... estoy algo disperso últimamente. Te parece bien como en una hora en el café Bamboo?

-Pues no, no ando lejos de allí, así que allí estaré.

-Gracias, en un ratillo nos vemos, hasta ahora.

-Hasta luego.

El café Bamboo le quedaba a poco más de cinco minutos andando, así que se pasó los siguientes cuarenta minutos con la televisión encendida, en un intento de apagar o amortiguar presuntas voces perrunas, y que sólo se oyeran las voces de los caraduras y mongólicos personajes que a diario desfilaban por la pantalla de la caja tonta.Apagó la tele, se puso la cazadora, y fue andando hacia el café Bamboo. que era un acogedor local, todo forrado de madera, y adornado con fotografías y carteles de anuncios antiguos. tras la barra, una pintura mural de un campo de bambú. Siempre con mucha gente entrando y saliendo, era un lugar atemporal en el que siempre se sentía uno bien recibido, con su agradable ambiente, y la simpatía de su personal.

Laura ya estaba allí, debía de acabar de llegar, aún estaba pidiendo su café. Hacía días que no la veía, pero estaba como siempre, morena, pequeña, delgadita, e inquieta, nunca paraba. Se le acercó y se saludaron, tras, a su vez, solicitar un café él también.

-Bueno, Javier, que tal, como este encuentro tan repentino?

-Para no dejar pasar más diás sin vernos, para que las cosas que nos contemos sigan siendo noticias frescas. Que tal todo por el trabajo?-

-Muy bien, ya sabes que para mi el trabajo de oficina es cosa facil, y como es una agencia de viajes pequeña, me lo ventilo enseguida. Y tu que, sigues a la que salta, no?

-Pues si, oye, una cosa, te importaría venir a mi casa un momentito cuando acabemos el café? Es que quiero enseñarte algo.

-Vale, pero por si estás maquinando algo, te diré, para tu información, que llevo un spray en el bolso.

Rieron con ganas, se terminaron el café y Laura acompañó a Javier a su casa. Justo a la puerta, mientras entraban, Javier le dijo:

-Necesitaba que vinieras para comprobar que no estoy loco, en un momento lo sabrás todo.

-Bien, ya tengo curiosidad por saber que te traes entre manos.

Entraron en la cocina, donde el perro tenía su cama y cuando entraron, abrió los ojos, y levantó la cabeza. Cuando se desperezó un poco y vio quienes eran, se levantó moviendo la colita, y se les acercó diciendo:

-Ya te has vuelto a ir por ahí, eh? Hola Laura, me alegro de verte!

Laura estuvo a punto de desmayarse, Javier tuvo que agarrarla para que no se cayese al suelo.

-Oye Javier, esto es un truco, no? tiene que serlo!

-No, no lo es, entonces lo has oído hablar, no?

-S-si,...

-Pues menos mal que es eso, creí estar volviéndome loco o algo.

-Que le has hecho al perro?

-Hacerle? nada, ha sido el, por su cuenta

-Yo....tengo que sentarme en algún sitio.


Javier sentó a Laura en una silla y le ofreció un vaso de agua para que se le pasase el susto. Por alguna extraña razón se sentía mejor, porque a su cabeza no le pasaba nada malo. Que el perro pudiera hablar, aunque era un fenómeno extremadamente raro, no parecía algo necesariamente negativo.

-Que le pasa a Laura, se encuentra mal?- preguntó Rufo con su vocecilla.

-Está un poco indispuesta, enseguida se le pasa.

Mientras Laura miraba al perro con una mirada estupefacta, Javier se desternillaba de risa, alegrándose de su intacta salud mental, de las habilidades de su perro, y de la gracia que le hacía las caras que su amiga Laura ponía. En un instante, un mundo de posibilidades se abrió ante sus ojos.


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